El "Síndrome de Arguiñano"

30.05.2019

El modelo de formación en Educación Emocional está obsoleto. Necesitamos una reflexión profunda que nos lleve a cuestionarnos cómo estamos formando a profesionales y apostar por un proceso que deje de dar "recetas" y apoye el cambio personal.

Este artículo está escrito con mucho cariño, de verdad, con un cariño respetuoso para que, tanto las personas que os sintáis identificadas, podáis (podamos) compartir el mismo sentir, como para aquellas que no os sentís identificados y os puede ayudar a entendernos. Cuando digo entendernos, me refiero entender a las personas que nos dedicamos a la formación, en mi caso, en todo lo relacionado con la inteligencia emocional, educación emocional, metodologías educativas innovadoras, mediación escolar... y bueno, esta problemática que sabemos que es una cuasi emergencia consecuencia de los problemas de convivencia que, desde hace unos años, se están produciendo no sólo en las escuelas, sino en la sociedad en general.

Dicho esto, tras finalizar prácticamente el curso escolar, llegan las reflexiones personales con respecto a mis quehaceres profesionales. Una revisión de aquellos elementos que debo mejorar y, como trabajo con las personas en mis formaciones, el momento de responderme a:

  1. ¿Qué quiero y tengo como formadora?
  2. ¿Qué no quiero y tengo como formadora?
  3. ¿Qué no quiero y no tengo como formadora?
  4. ¿Qué quiero y no tengo como formadora?

*Aprovecho para invitaros a haceros estas preguntitas de vez en cuando, son reveladoras...

Bueno, pues tras meditar y dejar que fluya la información para seguir aprendiendo, empiezo a sentir que hay algo que me rechina en este curso escolar que he tenido, algo que no me encaja y que me dificulta la respuesta de una de las preguntas anteriores. Y, buscando, me encuentro con un vídeo del Maestro Claudio Naranjo que pone voz a un articulo suyo bajo el título:

"Necesitamos una educación para el conocimiento de sí mismos". Claudio Naranjo

Y ahí encontré la respuesta, creo que puedo auto-diagnosticarme como una sufridora, desde hace un tiempo para acá, de padecer el "Síndrome de Arguiñano". Y es un síndrome muy curioso porque consiste en hacer lo contrario a lo que el Doctor Naranjo dice a su oratoria, viviendo situaciones como: 

  1. Empiezas a plantearte que lo que sabes es poco y que necesitas tener cada vez más y más y más herramientas para poder darlas como recetas a las personas a las que formas.
  2. Sientes, sabes y crees firmemente que es fundamental que la formación en educación emocional comience con un proceso de mirada interna de las propias competencias emocionales de los adultos para poder acompañar a su alumnado. Pero, te dejas llevar, aunque al principio te resistes, y terminas angustiad@ buscando recetas para hacer en el aula (y se te olvida la importancia de la mirada hacia dentro).
  3. Recibes llamadas o comentarios del tipo "pero es que pensábamos que este curso es de educación emocional, no para psicoanalizarse ¿no?" "¿por qué tenemos que hablar de nosotros, si lo que necesitamos es ver qué hacemos en las tutorías?". Sabiendo, a ciencia cierta, que siempre comienzas con la propuesta "este es un curso para mirarnos COMO PROFESIONALES, si alguien quiere llevárselo al ámbito personal, felicidades, pero no es el objetivo del curso". 
  4. Cuando lo primero que escuchas cuando llegas y preguntas "¿Qué os trae por aquí?", y algunas respuestas son: "lo necesitamos para los puntos, es una actividad obligatoria, nos han dicho que tenemos que venir..." y bueno, sacas toda tu mejor versión e inviertes casi toda la energía en motivar y "convencer" que ver las cosas de forma diferente, mola, pero a costa de terminar absolutamente agotada.
  5. Llegas con toda la ilusión a una nueva sesión y preguntas ¿quién ha hecho algo de lo que os propuse la sesión anterior?, ¿alguien ha puesto alfo en práctica aunque sea en casa?.... y, cuando hay suerte, levantan la mano 1 o 2 personas.
  6. Cuando los equipos directivos no aparecen en ninguna sesión y tienes que recoger la angustia de muchos docentes que quieren cambiar pero que al final te dicen "pero esto, ahora, ¿cómo lo explicamos al equipo directivo para llevarlo a todo el cole?"

En fin.... mil situaciones con una característica en común que se me había pasado: todo lo que es la educación emocional, la forma de llevarla al aula, metodología y conflictos en general, actividades, programaciones..., hay que darlas en 2, 3 o 4 sesiones, si tienes suerte. Aquí es cuando yo les digo, en clave de humor que sólo el Máster en Educación Emocional que dirijo tiene 450 horas y en todas las promociones nos dicen que se les queda corto....

Cuál es la manifestación somática de  este síndrome: 

  • Frustración porque terminas dando recetas sin hacer reflexionar a la gente.
  • Sientes el dolor y también frustración de las personas a las que formas pero no puedes hacer mucho más que darles herramientas para que tomen decisiones, pero la angustia te la llevas.
  • Si te pilla un día malo, puedes ser diana de "esto que cuentas está muy bien, pero ¿y en la clase?, ¿cómo se hace esto mañana mismo? y te vas con la historia de..... "cómo le digo que no hay recetas, que necesitaría conocer el caso, profundizar y ver cómo está él como docente para gestionar el tema". Y también es curioso el sentimiento que se queda...
  • Otro síntoma es la búsqueda compulsiva de técnicas, técnicas y técnicas y hay veces que olvidas lo importante: "la mirada, Alma, la mirada".

En fin, y otras muchas cosas que supongo que aquellas personas que os identificáis podríais añadir. Y no sólo me refiero a los que estamos dando la formación fuera del aula, sino a los que estáis dentro de ellas y también padecéis el mismo síndrome.

Con todo esto, os quiero comentar que hay un antídoto, un remedio o vacuna (o por lo menos yo la he encontrado). 

  • Sólo trabajar con aquellas personas que estén plenamente motivadas en formarse y mirar hacia dentro. 
  • No trabajar si no están los equipos directivos. 
  • Plantear procesos de trabajo de formación continuos, de un curso anual, mínimo, y no más por aquello de los traslados.
  • Si van a ser procesos cortos, avisar de que se va a dar formación teórica y luego se acompañará de varios manuales estupendos (he colgado varios documentos de referencias bibliográficas con muchas actividades) por correo para que cojan las recetas que quieran.
  • Trabajar con los equipos las 5 áreas de desarrollo: lo emocional, intelectual, espiritual (no religioso), corporal y relacional.

Y cuando esto sea posible, os ASEGURO, GARANTIZO Y PROMETO que no os harán falta libros con recetas porque LAS CREARÉIS VOSOTROS!!! Tal y como lo oís, las haréis vosotros porque tendréis las ideas claras, los contenidos tan integrados y vuestra opción personal tan elegida que os saldrán las ideas a raudales. Quizás necesitéis profundizar en algo que os llame la atención o buscar abono para esos objetivos que tenéis en la cabeza pero que no os pilla creativos... Y así o curaréis del "Síndrome de Arguiñano", tendréis respuestas más cercanas a las preguntas con las que empezaba el artículo y contribuiréis a un sistema que empieza a cambiar desde la base.

Recordar aquello que he repetido muchísimas veces hasta la extenuación:

Podemos estar haciendo, sin parar, actividades de educación emocional (tecnología emocional) y no estar cambiando el paradigma de la educación. Y podemos estar en clase, sin un cartel, sin una carita de emociones, sin hacer ni una actividad concreta de tecnología emocional y estar desarrollando competencias emocionales, cada día, en cada uno de nuestros alumnos y como grupo.

Y esto ocurre porque la respuesta y las herramientas no están fuera, las tenemos, cada uno de nosotros, DENTRO.