De mí depende la Paz del mundo

01.07.2018

¿DE QUIÉN VA A DEPENDER SI NO?

Imaginaros que estáis jugando a un juego de mesa, hay unas normas, turnos, unas pruebas que pasar... Imagínate jugando, tiras los dados, mueves piezas, pierdes, ganas... da igual. Cuando terminas, sabes que es un juego, lo cierras y continúas tu vida, diferenciando la realidad de la ficción. Has podido enfadarte o alegrarte porque has vencido, has podido hacer trampas... da igual. 

Pues en eso consiste la vida

Cuando entiendes que la Paz del mundo depende de ti mismo, entiendes que, cuando surgen los conflictos, los problemas, tienes el poder de cerrar el juego y volver a tomar contacto con lo que eres, con tu esencia. Reconocerte dentro y fuera del juego y aprende a diferenciarlo. Cuando no lo hacemos, nos dejamos llevar por la falta de control, impulsos, la situación momentánea y perdemos la perspectiva de que, cerrando el tablero, puedo recuperar el control de mi vida y diferenciar lo que está ocurriendo de lo que quiero que ocurra. 

No sé si habéis visto la película de Javier Fesser, Campeones (2017). Si no lo habéis hecho, no esperéis mucho porque lleva meses en cartelera, fruto del éxito por lo bien hecha que está. Si la habéis visto, entenderéis perfectamente la importancia de la frase que nos repetía un profesor que tuve de antropología contemporánea cuando nos decía "pensad globalmente y actuad localmente". 

Marco, su protagonista, se confundió en el tablero del juego. Ha perdido la perspectiva y no es capaz de tomar las riendas de su vida porque no sabe que puede acabar la partida hasta que la partida acaba por él. Esto supone enfrentarse a una realidad en la que, poco a poco, se va dando cuenta de que si quiere cambiar su entorno, tiene que empezar él primero. Se da cuenta de que, para que los demás sean felices, antes tiene que serlo él, que para ganar, primero tiene que ganar él... y así, vamos viendo en el largometraje cómo, su protagonista, aprende a diferenciar la realidad de la ficción y termina decidiendo cerrar el juego.

¿Cómo se hace eso?

  • Cuando te encuentres en una situación confusa, para, respira, piensa que tienes las riendas de lo que quieres que pase y que depende de tu decisión elegir un camino u otro.
  • La otra persona no tiene por qué saber que también puede hacerlo, así que sé compasiv@ y dale la oportunidad de que se equivoque.
  • Nuca se pierde, siempre se aprende. Es cuestión de transformar la derrota en una forma de que no vuelva a ocurrir.
  • Si integras este pensamiento, cuando te confronten, te darás cuenta de que no es a ti, realmente, sino al personaje con el que creen que están jugando, el que está tirando los dados. Así que vuelve a respirar y piensa que no tiene por qué influirte o dañarte, ya que es al personaje que juega al que quieren dañar. Tú, como sabes que es un juego, simplemente te das cuenta y decides que no te afecte, pones límites o sientes que la otra persona se está confundiendo.
  • Entrénate, es increíble cómo dejas de enfadarte por cosas que antes te enfadabas porque, simplemente, sabes diferenciar cuándo es un juego y cuándo quieres que se acabe tomando decisiones responsables.
  • Entrena a tus hijos o alumnos. Es fundamental que se den cuenta de que cuando otra persona pretende hacernos daños es porque no tiene la capacidad de diferenciar la realidad de la ficción. Si el niño o la niña aprende a dar una respuesta en esa situación, entiende que el otro se está equivocando y decide que lo que dice es fruto de su confusión con el juego, se sentirá libre. Con técnicas teatrales, a través de máscaras, role play o juegos con personajes, para que diferencien cómo se comportan cuando actúan y cuándo son ellos mismos. Es asombroso cómo lo integran perfectamente (es el objetivo de mis talleres de educación emocional en centros educativos).
  • Reflexiona, cuando haya terminado la situación, sobre qué cosas son las que te han funcionado para no volver a dejarte llevar y perder la perspectiva. Esas son las que hay que potenciar y con las que hay que seguir entrenándose.

Cuando entiendes que de ti depende la Paz del mundo, comprendes que poner la responsabilidad de que las cosas vayan mejor en los demás, sin estarlo tú, es una fantasía. Que sólo y exclusivamente cambian las cosas cuando lo hacemos nosotros primero o tenemos la suerte de estar viviendo el cambio de alguien y nos contagiamos de su aprendizaje (así aprenden nuestros hijos).

De la otra forma, nos perderemos la vida pidiendo que el mundo cambie, frustrad@s porque la paz no llega o manifestando a viva voz: "es que la gente es muy ignorante", cuando la única ignorancia que nos invade con este pensamiento es saber que el cambio, siempre lo tenemos dentro.